BACKYARD BABIES

Backyard Babies

Lejos, muy lejos, quedan los tiempos en que ‘Total 13’ secó incluso las lágrimas que lloraron los seguidores de Hellacopters cuando vieron partir a Dregen, gracias a que aquel bombazo de álbum colocó a Backyard Babies a la cabeza de los aspirantes de la eterna lista de sucesores de Guns N’ Roses como la banda que volvería a poner el rock en lo más alto. Pasados los años, aquel boom produce hasta risas.

Desde entonces, la banda sueca se ha arrastrado por el fango compositivo sin darse cuenta, pues veían la mierda en que se estaban ahogando muy de lejos desde su pedestal de estrellitas.

Reconozco que he disfrutado medianamente de la mayoría de sus álbumes en ese camino, pues en cada uno dejaban caer alguna que otra canción con chicha, pero está claro que los frutos que estaban dando no valían ni para alimentar ni a bandas del pop rock Mtv más facilón.

Si le sumamos unas giras que daban auténtica lástima, el desprestigio ya era total. Pero no contentos, los suecos han puesto una pesada losa más sobre su propia sepultura. En ocasiones un álbum homónimo es una especie de reconciliación con el espíritu latente de un grupo, una vuelta a las raíces, pero en el caso de los Babies supone un suicidio creativo en toda regla. Vaya tostón de disco.

El cuarteto se muestra absolutamente agotado, sin ideas. Melodías sin ninguna gracia se suceden como una tortura de pop-¿punk?-rock edulcorado, que si bien mantiene mínimamente el tipo hasta el tercer tema, a partir de ese enérgico “Come Undone” que sería de lo poco que salvar de la quema, la cosa se viene abajo estrepitosamente. No hay energía, no hay rabia, no hay vitalidad. Y cuando consiguen engarzar una melodía mínimamente decente, lo único que puedo pensar es que mejor se la hubieran cedido a esos impolutos niñatos llamados Jonas Brothers o, como mucho, a los Goo Goo Dolls, pues juegan en la misma liga.

¿Sacrilegio? Yo creo que no. A los fans que les queden después de semejante disco más les valdría regar los rosales para llevar rosas frescas a las tumbas de Nicke, Dregen, Johan y Peder.

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