NILE RODGERS & CHIC

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50 años de música disco en una sola noche
Texto: Javier Muñoz

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Hay conciertos que uno espera durante meses y otros que sabe, desde el mismo momento en que se anuncian, que difícilmente podrán decepcionar. La primera cita de Solo Rock con las Noches del Botánico 2026 fue con Nile Rodgers y Chic. Y es evidente que no podía decepcionar por dos cuestiones: la primera es que el guitarrista neoyorquino vive sobre todo de un pasado glorioso; y la segunda porque pocos artistas pueden reclamar, con argumentos tan sólidos, haber escrito una parte esencial de la historia de la música popular de los últimos cincuenta años. Rodgers no es solo el fundador de Chic. Es uno de los pilares de la música disco, uno de los productores más influyentes del pop moderno y un músico cuya guitarra ha atravesado generaciones enteras sin perder un ápice de actualidad.

El maravilloso directo fue un recorrido panorámico por las tendencias de la música disco desde 1977 hasta nuestros días. La música de baile de las décadas de 1970 –auge-, 1980  -consolidación-, 1990 -quizá la época con menos esplendor y representación- y los sonidos del nuevo milenio -con el regreso a la pista con las colaboraciones de Daft Punk y la escritura del “Cuff It” de Beyonce-, donde a pesar de la tentación nunca invadió la nostalgia.

Lo más llamativo de la noche fue precisamente realizar el recorrido por un repertorio que abarca desde los setenta hasta prácticamente nuestros días. La música disco vivió su explosión comercial a finales de los setenta, encontró nuevas formas durante los ochenta, sobrevivió con menor visibilidad en los noventa y terminó renaciendo para el gran público gracias a artistas como Daft Punk.

La velada comenzó con la propuesta inesperada del batería Mark Guiliana, que transformó el escenario del Botánico en un laboratorio rítmico donde convivían jazz, electrónica e improvisación. Aún con la luz y el sofocante calor de la tarde-noche madrileña de esos días de ola, el baterista demostró por qué es uno de los músicos más admirados de su generación. Sus colaboraciones con David Bowie, Brad Mehldau o Pearl Jam hablan por sí solas, pero verlo en directo nos recuerda que la música contemporánea también se explica desde la excelencia instrumental y la producción.

No era la primera vez que veía a Nile Rodgers en directo. La anterior había sido en el Sonar de Barcelona en 2014, cuando el festival apostó por reivindicar su figura delante de un público acostumbrado a la electrónica más pura. Después tuve una experiencia mucho más curiosa: un evento corporativo celebrado en IFEMA, mientras trabajaba como runner de producción moviendo cajas. Esa fría noche de noviembre (creo) Chic puso música a una convención de Hewlett Packard Enterprise –HP, los de los ordenadores-. Resultaba extraño contemplar uno de los mejores cancioneros del pop mundial sonando mientras centenares de ejecutivos alternaban conversaciones de negocios con tímidos movimientos de cabeza absolutamente inexpresivos. En el Botánico ocurriría exactamente lo contrario. Allí nadie hacía otra cosa que no fuera bailar o divertirse.

Nile Rodgers, impecable con traje estampado blanco y negro con su inseparable Fender Stratocaster, saludó con una sonrisa antes de dejar que la música fluyera durante casi dos horas. Le acompañaba una formación extraordinaria: dos teclistas, una contundente sección rítmica formada por bajo y batería, dos metales perfectamente sincronizados y las impresionantes voces de Audrey Martell y Naomi Rodgers, capaces de pasar del protagonismo a los coros: tanto batería como teclista hicieron voces de algunos clásicos como el “Let´s Dance” de Bowie.

La primera gran explosión llegó con «Everybody Dance», prácticamente una declaración de principios. Publicada en 1977, cuando la música disco comenzaba a conquistar el mundo, sigue funcionando como una invitación irresistible al contoneo de caderas. El riff de guitarra de Rodgers continúa siendo una lección magistral de economía musical: apenas unas notas bastan para construir una de las introducciones más reconocibles de la historia del funk.

Poco después apareció «Le Freak», quizá la composición más emblemática de Chic. Rodgers recordó brevemente cómo nació tras ser rechazado en la puerta de Studio 54, convirtiendo aquella frustración en uno de los mayores éxitos de todos los tiempos. Resultó imposible encontrar a alguien sentado entre el público cuando sonó el célebre «Aaah, freak out!».

A partir de ahí el concierto fue dejando claro que asistir a un espectáculo de Nile Rodgers significa recorrer una colección de canciones que muchos identifican con otros artistas, aunque casi todas lleven su firma. Llegó «I’m Coming Out», convertida ya en un himno universal mucho más allá de Diana Ross. Rodgers explicó cómo la inspiración surgió al observar la escena nocturna neoyorquina y cómo terminó construyendo uno de los bajos más reconocibles de la música pop. Audrey Martell asumió la interpretación con una autoridad impresionante, mientras el público coreaba en un inglés que Nile Rodgers parecía no entender –o eso quería hacernos creer-

Anécdota dedicada a la reina del pop con recuerdos a las sesiones de grabación de “Like a Virgin” bromeando con la intención de Rodgers de sacar primero «Material Girl», rebautizada en aquel entonces con humor por una aún desconocida Madonna –you can kiss my «material ass», dice Rodgers que le contestó, arrancando las carcajadas del público. Pero ser el productor permitió a Rodgers tocar ambas, a las que siguió sin pausa el “Modern love” de Bowie, de quien produjo el disco “Let’s Dance”, un álbum en el que se unían rock, pop y funk de una manera elegante, reconocible y absolutamente memorable.

Después sonó «China Girl», presentada como una composición nacida años antes durante la etapa berlinesa de Bowie junto a Iggy Pop. La versión conservó ese equilibrio entre sensualidad y sofisticación que convirtió la reinterpretación de 1983 en un clásico instantáneo. Hubo también espacio para recordar que Rodgers nunca dejó de evolucionar. La llegada de «Get Lucky» sirvió para demostrar que, en realidad, el sonido Chic siempre estuvo ahí. Algo que se confirmó con “Lose yourself to dance”

Algo parecido ocurrió cuando mencionó «Cuff It», una de las composiciones escritas junto a Beyoncé. Más que una simple referencia contemporánea, la canción confirma hasta qué punto Rodgers sigue siendo una figura imprescindible para entender el pop actual. Su guitarra continúa siendo reconocible desde el primer compás.

A lo largo de casi dos horas apenas hubo descanso. Rodgers enlazaba canciones con historias, recuerdos y agradecimientos sin romper nunca el ritmo del espectáculo. Al final la sensación es de haber vivido una especie de karaoke de baile sin haberlo pretendido, porque si hay que poner alguna pega es no haber vivido el desarrollo completo de cada canción. Y es que un concierto de Chic no consiste únicamente en interpretar éxitos, sino en explicar cómo esos éxitos fueron construyendo la banda sonora de varias generaciones.

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