ICED EARTH + WARBRINGER + ELM STREET

Impresionante concierto de Iced Earth en estado de gracia

Iced Earth hace muy poco tiempo que visitaban Madrid, aunque en esa ocasión lo hacían como corresponde a una banda de su trayectoria. Presentando su último disco, recién salido al mercado y como estrellas absolutas. Y es que los de Florida son un grupo que llevan muchísimos años acumulando una muy fiel legión de seguidores por todo el mundo. Tal vez no hayan conseguido el éxito que otros grupos de menor renombre logran en menos tiempo, pero de lo que no cabe duda es que la banda de Jon Schaffer está en un momento de forma excepcional. Con su cantante Stu Block perfectamente asentado y cumpliendo a las mil maravillas el papel de difícil sustituto del eterno Matt Barlow, Iced Earth viven actualmente una nueva juventud.

Tras los problemas conocidos con el cambio de salas en Madrid, debido al actual cierre de la Sala Caracol, el concierto se trasladaba a la Sala Shoko. Atención a esta nueva sala en el circuito porque puede dar mucho que hablar. Muy bien situada en el centro de Madrid, con una acústica muy buena, un escenario que permite ver a los grupos perfectamente desde cualquier parte sin agobios y con el único punto negativo de estar todavía algo escasa de luces, cosa que parece va a ser solucionada en breve.

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Nada más entrar en el recinto ya sorprendía un inmenso telón representando la portada del último disco de Iced Earth. Enorme y que aprovechaba el fondo semicircular de la sala. Solo por lo llamativo ya indicaba que íbamos a asistir a un gran concierto como, a la postre iba a ocurrir.

Antes de que Schaffer y los suyos aparecieran los encargados de calentar el ambiente fueron dos bandas bastante diferentes pero igualmente interesantes. Elm Street, joven combo australiano asentado en el heavy metal más tradicional fueron los primeros en abrir boca. Como es habitual en este tipo de conciertos tuvieron que lidiar con un público que poco a poco iba entrando y les prestaba la atención justa. Aun así no se arredraron en ningún momento y descargaron un breve pero potente show de algo menos de media hora de duración. Heavy Metal en estado puro, recordando a los viejos mitos de la New Wave of British Heavy Metal, con bastante actitud sobre las tablas y afrontando la ingrata tarea de tocar ante un público muy exigente, cubrieron el expediente notablemente.

Más conocidos son Warbringer, norteamericanos brutales que practican un Thrash Metal absolutamente desaforado. Avanzadilla del nuevo movimiento de Thrash que cada vez tiene más seguidores en el mundo no tuvieron por desgracia su noche. Uno de sus guitarristas no pudo acudir al concierto por encontrarse indispuesto, en el hospital, según se encargó de anunciar el segundo guitarra en perfecto español. Su sonido pues, quedo marcado por la baja de uno de sus componentes. Y a eso se le unió el que en absoluto el público ante el que estaban tocando era el suyo. Warbringer están acostumbrados a que en sus conciertos los pogos y los “circle pits” sean constantes y, salvo unos pocos conatos, los asistentes estuvieron absolutamente estáticos, esperando a unos Iced Earth que, a la postre eran la razón del concierto. Fue una pena puesto que Warbringer son adrenalina pura, especialmente su cantante Hohn Kevill, que no para en un solo momento de agitarse sobre el escenario, de gesticular y de animar a un público que, esta vez, no respondió como a ellos les hubiera gustado.

Y es que la razón por la que la sala se había llenado casi en su totalidad era para ver de nuevo a Iced Earth tocando ese Plague of Babylon que les ha vuelto a poner en los más alto. Hubo que esperar más de la cuenta hasta que todo el escenario quedó listo y, especialmente, todas las guitarras perfectamente ecualizadas. A las 21:30 comenzaban a sonar los primeros compases de la intro que da entrada al tema homónimo de su último disco y comenzaban casi dos horas de éxtasis metalero. Derrochando actitud a raudales, todos los miembros del grupo vestidos con chalecos identificados con el nombre de la banda y el fantástico dibujo de la portada del disco. Plantados en el escenario como solo lo saben hacer los grupos que llevan mucho tiempo en esto. Dirigidos inmisericordemente por la guitarra de Jon Schaffer, el hombre que convirtió el Gallop guitarrero en un arte y, sobre todo, dejando alucinados a todos los asistentes con su gigantesco cantante.

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Gigantesco, si. Pues de otra forma no podríamos referirnos a Stu Block. No tanto por su estatura, aunque no es precisamente pequeño, como por su voz impresionante. Cumpliendo con todos los registros. Los graves de Barlow y unos agudos increíbles que hacen que olvidemos con celeridad al pelirrojo cantante convertido en policía. Podríamos desglosar la actuación de Stu con muchos adjetivos, pero tal vez el de glorioso sea el más indicado.

Fueron dieciocho temas en los que el predominio del último disco se hizo notar. Aunque también sonaron temas como I died for you interpretados magistralmente, el If I could see you que nos puso a todos los pelos de punta o un Jekyll & Mr. Hyde que nos trae a los Iced Earth más teatrales.

Guitarrazos inmisericordes. El hieratismo de Shaffer, que apenas sonrió una sola vez, mezclado con el vozarrón de Stu y con una puesta en escena apoteósica llevó a que a las 23:30, cuando encaraban Iced Earth todos nos preguntáramos ¿ya, tiene que acabarse tan pronto?

Potencia a raudales. Sonido excepcional. Interpretación perfecta. Uno de esos conciertos que quedan en la retina y que será de lo mejorcito que veamos en 2014, sin duda.

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